La mujer escribe y eso es lo que importa










13 de diciembre de 2017

Adrienne Rich, V (de Veintiún poemas de amor)


Ilustración de Hope Gangloff



V

Este departamento lleno de libros podría partirse en dos
bajo las mandíbulas gruesas y los ojos saltones
de los monstruos: una vez que abrís un libro, te tenés que enfrentar
al lado oscuro de todo lo que amaste–
el estante y las pinzas listos, la mordaza
con la que hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,
el silencio que entierra en la arena del desierto
 a los niños no deseados —mujeres, desviados, testigos.
Kenneth me cuenta que ordenó los libros de modo
que mientras escribe puede ver a Blake y a Kafka;
sí, y todavía hay que ajustar cuentas con Swift,
que aborrece la carne de las mujeres pero les alaba la mente,
con el terror de Goethe por las madres, con Claudel vilipendiando a Gide
y con los fantasmas —sus manos entrelazadas por siglos—
de las artistas que murieron en el parto, de las sabias calcinadas en la hoguera,
siglos de libros sin escribir, apilándose detrás de estos estantes;
y todavía nos tenemos que quedar mirando la ausencia
de los hombres que no debieron, y de las mujeres que no pudieron, hablarle
a nuestra vida— este hoyo aún sin excavar
llamado civilización, este acto de traducción, este medio-mundo.

Traducción de Sandra Toro



V

This apartment full of books could crack open
to the thick jaws, the bulging eyes
of monsters, easily: Once open the books, you have to face
the underside of everything you’ve loved—
the rack and pincers held in readiness, the gag
even the best voices have had to mumble through,
the silence burying unwanted children—
women, deviants, witness—in desert sand.
Kenneth tells me he’s been arranging his books
so he can look at Blake and Kafka while he types;
yes; and we still have to reckon with Swift
loathing the women’s flesh while praising her mind,
Goethe’s dread of the mothers, Claudel vilifying Gide,
and the ghosts—their hands clasped for centuries—
of artists dying in childbirth, wise-women charred at the stake,
centuries of books unwritten piled behind these shelves;
and we still have to stare into absence
of men who would not, women who could not, speak
to our life—this still unexcavated hole
called civilization, this act of translation, this half-world.



V

Este departamento lleno de libros se partiría al medio
fácilmente bajo las gruesas mandíbulas y los ojos saltones
de los monstruos: una vez abiertos los libros, tenés que enfrentar
la parte de abajo de cada cosa que amaste-
el estante y las pinzas, preparadas y listas, la mordaza
a través de la cual hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,
el silencio enterrando hijos no queridos-
mujeres, desviados, testigos- en la arena del desierto.
Kenneth me dice que estuvo arreglando sus libros
así puede ver a Blake y a Kafka mientras escribe;
sí; y todavía tenemos que reflexionar con Swift
odiando la carne de la mujer al tiempo que alabamos su mente;
el terror de Goethe por las Madres, Claudel calumniando a Gide,
y los fantasmas – sus manos firmes por siglos-
de artistas muertas al nacer, mujeres sabias carbonizadas en los postes,
centurias de libros no escritos apilados detrás de esos estantes;
y nosotras todavía tenemos que mirar la ausencia
de hombres que no, de mujeres que no podrían hablarle
a nuestra vida- este agujero aún sin excavar
llamado civilización, este acto de traducción, esta mitad de mundo.

Traducción de Tom Maver






Adrienne Rich
(Baltimore, 1929 – Santa Cruz, EE.UU., 2012)
de Twenty-One Love Poems, en The Dream of a Common Language
W.W. Norton & Company, 1978
para leer MÁS

12 de diciembre de 2017

Ioana Gruia, 2 poemas 2 (de El sol de la fruta)


Fotografía de Katy Grannan



FIERA AL ACECHO

Como la lluvia que se filtra entre las grietas
de viejos edificios,
van entrando en la piel
íntimas cobardías, efímeras victorias,
silencios que se apagan tras la niebla
de los años y las conversaciones,
renuncias
que poco a poco van tejiendo
el traje roto
de la vejez y sus miserias.

¿Qué nos reservará la edad que espera
agazapada, fiera y al acecho?





Fotografía de Bambi



CONJURO CONTRA LA VEJEZ

Todo lo que no hiciste te obsesiona.
Mucho de lo que obraste te atormenta.
No te obsequia el olvido con su lenta
manera de borrar, no te ilusiona
saber que todavía te reserva
algo la incierta trama de los días:
asombros, cuerpos, sueños, rebeldías.
Pero no llegará jamás Minerva
a tu mente cansada si no puedes
en el remordimiento hallar la paz
y resistir a la sombra falaz
que con ficticio ayer teje sus redes.
Todo lo que no fue se irá perdiendo
y sólo importa ya seguir viviendo.





Ioana Gruia 
(Bucarest, Rumania, 1978)
Reside en Granada, España, desde 1997
POETA/DOCENTE/INVESTIGADORA
PREMIO DE POESIA ANDALUCIA JOVEN 2011
de El sol en la fruta, Editorial Renacimiento
para leer más en: TEMBLADERAL DE SÍLABAS
su WEB
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